miércoles, 25 de abril de 2012

El futuro del sueño bolivariano tiene sólo un escollo: la sumisión de México a los EEUU.

La reciente sexta Cumbre de las Américas demostró claramente que los EEU han perdido presencia y capacidad para imponerse como el factor decisivo en el futuro de la región. Las derrotas militares en Irak y Afganistán han llamado más la atención que el declive de su presencia en Latinoamérica, que me parece mucho más significativo en términos geopolíticos, tanto  por sus enormes reservas de recursos naturales y por ser el espacio geográfico en el que se aplicó el espíritu del Destino Manifiesto, clave para que EEUU se convirtiera el centro del sistema mundo por más de tres décadas.
En la opinión pública internacional es común hoy encontrar opiniones que apunta al reconocimiento de la decadencia yanqui; la pregunta recurrente no es ya si EEUU está en decadencia sino que región lo sustituirá y sobre qué bases. El realineamiento de los integrantes del sistema mundo es hoy el acontecimiento geopolítico que más llama la atención de especialistas, políticos y periodistas.
En este sentido, la sexta Cumbre de las Américas fue calificada por algunos observadores especializados como una revuelta generalizada contra el liderazgo de EEUU, particularmente contra la cuestión del manejo del narcotráfico como en la producción de armas y entre países como Brasil y la India. Si se acepta que el control de la guerra contra el narcotráfico y los acuerdos militares -como el Plan Colombia o el Plan Mérida- así como el monopolio de la producción de armas en el continente representan dos de los mecanismos más importantes para el mantenimiento de la dominación yanqui en la región no queda más que reconocer que la debacle es real e imparable.
Raúl Zibechi propone cinco razones para explicar el deterioro del control de EEU en la región latinoamericana: el fracaso de la política antidrogas y el bloqueo a Cuba; el debilitamiento de la OEA y el fortalecimiento de UNASUR; la pérdida de su liderazgo comercial, sobre todo en; el crecimiento de las inversiones de China; y el fin del monopolio de las alianzas militares. (La Jornada, 20-04-12) Ante semejante escenario, el analista uruguayo define una perspectiva poco halagadora para la vigencia de la doctrina del Destino Manifiesto en su otrora patio trasero.
Las razones expuestas no son tendencias en formación si no hechos consumados. Pero me parece que hay un obstáculo evidente en el realineamiento geopolítico de nuestra América (José Martí dixit): el vergonzoso sometimiento de la clase dominante en México a la precaria hegemonía yanqui. Resulta doloroso observar cómo mientras en Sudamérica está en juego un proyecto para que las naciones puedan definir con mayor grado de autonomía su futuro, en México los dueños del dinero (y sus intelectuales orgánicos)  sigan empecinados en amarrarse a una economía en declive con el objetivo de subsidiarla, a costa del empobrecimiento y el aumento de la violencia generalizada, a cambio de migajas.
Habrá que asumir que el sistema mundo está cambiando por lo que resulta fundamental empezar a mirar hacia el sur y dejar de mirar sólo al norte. Con esto no quiero decir que hay que ignorar a los EEUU si no que es indispensable redefinir nuestra relación. El proyecto histórico geopolítico original para nuestra América en el siglo XIX no era seguir sometidos a Europa o aliarnos a los EEUU para cambiar al amo. El proyecto original era fortalecer las alianzas entre los pueblos latinoamericanos para ofrecer un frente común contra el colonialismo. Lo dijeron Bolívar y Martí. De ello depende que México y el resto de los países latinoamericanos salgan del hoyo en que están metidos hoy para construir  una perspectiva esperanzadora para los próximos cien años.

jueves, 19 de abril de 2012

Perlas electorales: hay que conspirar para ganar elecciones.


Y sigue la mata dando. El sábado pasado, 14 de abril, la candidata del PAN (no digo de la derecha porque se presta a confusión) soltó una perla digna de la histórica tradición de los conservadores en nuestro país. Desde el siglo XIX, los conservadores utilizaron una y otra vez la conspiración como eje de su dinámica política. Siempre temerosos de las clases peligrosas la oligarquía terrateniente, en estrecha colaboración con la nomenclatura católica, procuró mantener en secreto sus maniobras políticas para mantener sus privilegios, ya sea utilizando a militares ambiciosos como Antonio López (mejor conocido como Santa Ana) o aliándose con potencias europeas. Pero siempre de espaldas a la población.

Se podría argumentar que esa era la dinámica de todos los actores políticos mexicanos en el siglo XIX pero en el siglo XX los conservadores siguieron utilizando semejante recurso, como cuando asesinaron a Álvaro Obregón o cuando conspiraron con el Vaticano para echar a andar la rebelión cristera -hoy legitimada gracias a la beatificación de curas que empuñaron las armas.

Para mantener la tradición en el siglo XXI y en tierra cristera (León, Guanajuato), Vázquez Mota “… en tierra de rebeldes, convocó ‘a una conspiración’ para que el PRI no recupere Los Pinos ni el gobierno del estado.” (Jornada 14/04/12) En su desesperación para no quedar como la candidata panista que le devolvió a los priístas la presidencia de la república, la candidata incómoda (sobre todo para las mujeres mexicanas pero también para el señor de Los Vinos) apeló al recurso más preciado de la tradición política que abandera: la conspiración.

Me parece altamente significativo que Chepina utilizara la palabra conspiración, que significa, palabras más palabras menos, la unión de varios sujetos contra un superior para arrebatarle el poder o contra un particular para hacerle daño. Las teorías conspirativas buscan explicar un hecho sucedido o por suceder en base a supuestas circunstancias que son ocultadas a la opinión pública. Aquí el poder superior no sería el PRI (a pesar de que los priístas se creen superiores, sobre todo de sus gobernados) sino las leyes electorales y los votantes. Pero lo más importante es que la conspiración se caracteriza por el hecho de ocultar, de actuar en lo oscurito para lograr fines ´democráticos´, de burlar las leyes en privado y defenderlas en público.

Que una candidata registrada y consciente de los límites impuestos por la Constitución se atreva a convocar públicamente a una conspiración resulta una perla digna de la decadencia de la democracia electoral y las campañas en curso. Lo que revela es algo que ya sabemos y que hemos sufrido en carne propia por décadas: los políticos y gobernantes ocultan sistemáticamente las intenciones de sus actos con verborrea políticamente correcta. Es el caso de su insistencia por llevar a cabo las reformas ‘estructurales’ necesarias, según ellos, para aumentar el empleo y el bienestar de la población, cuando en realidad es simplemente un traspaso de recursos públicos a manos privadas por una módica comisión, of course.

No queda más que agradecerle a Chepina su franqueza al convocar a una conspiración para ganar las elecciones. De ese modo, la candidata del PAN refrenda las rancias convicciones conservadores que la inspiran y que son consustanciales a la corriente conservadora que encabeza. Nada nuevo bajo el sol.

miércoles, 11 de abril de 2012

El TLCAN y la obesidad en México

Después de 18 años de operación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte las consecuencias parecen ser más negativas de lo que se pudo haber pensado en 1994. En ese momento algunos analistas (los menos porque la mayoría de ellos festejaban nuestra entrada al primer mundo) señalaron algunos de los problemas que provocaría semejante acuerdo. Entre los más importantes estaban la pérdida de la soberanía alimentaria, financiera y comercial que en conjunto someterían aún más la economía mexicana a los objetivos de Wall Street. Sin embargo, las consecuencias negativas después de casi dos décadas de vigencia van mucho más allá de consideraciones económicas o políticas y tienen que ver con cuestiones como la salud pública.

Un estudio elaborado por el Instituto de Políticas de Agricultura y Comercio, ubicado en los EEUU, señala que entre 2000 y 2006 el problema de la obesidad y el sobrepeso en México se ha incrementado en un 12 por ciento, debido a la proliferación de productos procesados, con altos contenidos de azúcar y grasas, provenientes de la industria alimenticia estadounidense. El Dr. David Wallinga, uno de los responsables de la investigación asegura que “Mientras el panorama alimentario en México se asemeja al de Estados Unidos, con más refrescos, carnes procesadas y botanas con altos niveles de grasa y dulcificantes, no resulta sorpresivo que la lucha contra la obesidad en México y sus factores de riesgo –diabetes, derrames cerebrales y enfermedades cardiacas– también se haya americanizado(La Jornada, 06/04/12)

Para darnos una idea de las proporciones del problema, el estudio afirma que el incremento en la energía diaria promedio obtenida de grasas en nuestro país aumentó de 23.5 por ciento a 30.3 por ciento; en un 6.3 por ciento en los carbohidratos refinados; y en 37.2 por ciento en el consumo de refrescos. Es tal el dominio de nuestros ‘socio’ comercial que “… controla el 98 por ciento del mercado de importaciones de productos ‘listos para comer’ y otros procesados como el de botanas procesadas” (La Jornada, 06/04/12) Pero además de la invasión de productos chatarra, México ocupa el tercer lugar en inversión directa estadounidense en el sector alimentario, lo que no deja lugar a dudas de lo atractivo que resulta para las industrias de alimentos procesados estadounidenses por la enormes ganancias que genera.

Como consecuencia de lo anterior, el crecimiento de empresas en México como Mc Donald’s o Wal-Mart se ha disparado en los últimos años. Por ejemplo, el número de tiendas de Wal-Mart, entre 1993 y 2001, ha pasado de 114 a 561 tiendas mientras que hoy por hoy Mc Donald´s posee más de 500 puntos de venta en 57 ciudades de nuestro país. No podría faltar aquí el apunte de un economista políticamente correcto, o sea, neoliberal, que dijera que hay que esas inversiones generan empleos y en eso coinciden presidentes municipales como el de Xico, para no ir más lejos. Pero tal argumento pasa por alto el hecho de que esos empleos están pésimamente remunerados, con largas jornadas laborales y sin derecho a la formación de un sindicato para la defensa de los intereses de los trabajadores. Asimismo, negocios con una visión depredadora y monopólica como Wal-Mart, provoca al cierre de innumerables comercios medianos y pequeños que no pueden competir en la guerra de precios que impone la transnacional, lo que provoca desempleo no sólo por el cierre de comercios sino por la contracción de la economía local pues Wal-Mart compra la mayoría de sus productos en China.

Resulta terrible ver cómo las y los mexicanos gastamos en comida chatarra y, al mismo tiempo, el incremento en el gasto social para la atención de la obesidad, la diabetes y enfermedades cardiovasculares. Por ello insisto en la idea de que hay que eliminar -no revisar como dicen algunos- el TLCAN porque nos perjudica mucho más de lo que nos pudiera beneficiar y las consecuencias las estamos pagando todos.

miércoles, 4 de abril de 2012

Perlas electorales: La clase media emergente.

Ahora que han arrancado las campañas electorales y para evitar caer en análisis ´serios´ que sólo ocultan la realidad y ponen de mal humor a cualquiera por el despilfarro y el cinismo de los actores principales del proceso, no estaría de más reírse un poco a sus costillas seleccionando declaraciones que demuestren la farsa de las elecciones de este año. Dada la diarrea verbal que tendremos que consumir en los próximos noventa días habrá material para aventar pa’ arriba que nos haga el trago menos amargo.

El que se ganó de calle el primer lugar esta semana fue el ahijado de la Gordillo. El ecologista Gabriel Quadri, en su afán por dar golpes mediáticos que le permitan soñar con obtener el 2% de los votos, se aventó la puntada de decir que los mexicanos no son pobres sino clasemedieros emergentes. Al visitar un predio irregular en una barranca de la delegación Álvaro Obregón del Distrito Federal, el Groucho Marx de las elecciones presidenciales (a poco no le recuerda al inmortal cómico estadounidense: bigote, lentes y nariz; sin mencionar su afecto por el sarcasmo) dijo sin rubor que ya “Basta de seguirnos considerando como una nación pobre…” y abundó, con cifras y datos, que las familias pobres pertenecen “a la clase media baja que está emergiendo”

A pesar de los datos producidos por la ONU, del PNUD, de la OCDE y demás representantes de la ciencia de la pobreza, Groucho Quadri no tiene empacho en negarlos para motivar a la gente que vive en las barrancas del DF a que, gracias a que no los califica de pobres, voten por él. Insiste en que es “gente que trabaja (aunque sea limpiando vidrios o pepenando latas de refresco), que tiene su casa (sin papeles, sin piso, sin agua, luz o drenaje. Con riesgo de ser barridas por un deslave o arrasadas para construir un edificio ‘inteligente’) una televisión, coche (¿BMW, Audi, Mercedes o cuando menos un Tsuru?), va la escuela (¿será a la Ibero, UNAM, Tec de Monterrey?) y tienen empleo aunque sea en la informalidad (o sea, sin seguro social, pensión, antigüedad, salario digno). Es mentira que los mexicanos que habitan en estas zonas sean pobres, es clase media emergente” (El Universal, 04-04-12) Supongo que es emergente ya que espera pacientemente en su miseria a que un clasemediero se muera para sustituirlo.

La verdad es que resulta imposible no reírse de la imaginación del flamante candidato a la presidencia por el PANAL. Pero no anda tan perdido, pues las campañas electorales tiene por objetivo persuadir, que según la Real Academia Española significa: Inducir, mover, obligar a alguien con razones a creer o hacer algo. Esto quiere decir que persuadir no significa convencer con argumentos verdaderos sino simplemente obligar a la acción, de preferencia sin una reflexión previa, difundiendo creencias ‘razonables’.

De todos modos la palmadita en la espalda a los supuestos miembros de la clase media emergente no necesariamente funciona. Uno de los asistentes reaccionó con sorna a la verborrea del candidato al afirmar: “… somos pobres de una casa pobre, pero pudientes” La psicología barata como recurso electorero más parece un acto de desesperación que un curso posible de acción. Esto porque según el Groucho del Panal considera que “Esa idea de recalcar que los mexicanos somos pobres no es algo que nos convenga en términos de sicología colectiva, (sobre todo porque es una calumnia difundida por el comunismo internacional y los enemigos de México) hay que luchar contra ella (de preferencia ignorándola), hay que decir que somos ciudadanos trabajadores y queremos salir adelante, como ustedes.” (La Jornada, 04-04-12) Menos mal que se me acabó el espacio.

miércoles, 28 de marzo de 2012

¿Le conviene a los EEUU la guerra en México?

Desde hace ya casi seis años se ha venido discutiendo las razones que han alentado la guerra en México, señalando, en términos generales, que éstas se fundan en los beneficios que genera a la economía y la sociedad estadounidense. Básicamente dichos beneficios podrían agruparse en tres rubros: el lavado de dinero efectuado por los grandes bancos y el estímulo que representa para la especulación y el mantenimiento de ganancias altas; el estímulo a la industria de armas, poderoso grupo de interés que controla a buena parte del aparato del estado; y el estímulo que representa el discurso belicista que sigue basado en el destino manifiesto de ser el fiel de la balanza en el mundo y promotor de la democracia.

Con respecto al primer ‘beneficio’, para nadie es un secreto que el lavado de dinero representa -en tiempos de la depresión mundial que vivimos- un rubro que produce enormes ganancias, que no son declaradas al fisco, lo que permite mantener tasas de ganancia atractivas para la especulación financiera, manteniendo la ilusión de que todo va bien.

Por su parte, y frente al paulatino retiro del ejército de Irak, la industria militar necesita encontrar nuevos mercados para absorber lo que parece ser el nicho industrial estratégico de la economía estadounidense. Y con esto no sólo me refiero a la venta de armas y tecnología militar sino también de mercenarios e inteligencia militar, jugoso negocio de unos cuantos. A su vez, la industria militar y sus lacayos en la Casa Blanca insisten en mantener un discurso belicista, muy parecido al que se utilizó los años de la Guerra Fría, que sirve de base para mantener engañado al pueblo estadounidense acerca de su responsabilidad frente a la Historia (con mayúscula para denotar su carácter historicista) y los sacrificios que esto exige.

Dicho lo anterior cualquiera podría deducir que la guerra en México les conviene a los habitantes de los EEUU pero un análisis más profundo podría arrojar una conclusión opuesta. El lavado de dinero beneficia al sector financiero, concentrado en la ganancia fácil en detrimento de la producción y la creación del empleo, empobreciendo cada vez más a la población y provocando el crecimiento de la desigualdad. El adelgazamiento de la clase media estadounidense no augura nada bueno en términos de paz social. Los asesinatos masivos en las escuelas son, en parte, consecuencia de la angustia en la que viven los afortunados que aun pueden concebir el logro del sueño americano. Pero también el crecimiento del racismo y la discriminación, que poco apoco prefiguran un ambiente de polarización social, antesala de una guerra civil.

Asimismo, la bonanza de la industria militar y sus beneficios, limitados a unos cuantos, abona a la idea de que sólo por medio de las armas y la violencia es posible recuperar el paraíso perdido; que las instituciones encargadas de la seguridad son parte del problema y no su solución. El diálogo y el consenso pasan a un segundo término y por más que la industria crezca sería ilógico pensar que por sí sola puede reencauzar el crecimiento de la economía y detener la decadencia. De hecho, ésas armas que cruzan la frontera sur son y serán utilizados eventualmente contra sus creadores. El caso de la operación Rápido y Furioso es sólo un botón de muestra. En otras palabras, ésas armas le dan a la delincuencia organizada mayor poder y capacidad para seguir creciendo y controlando no sólo al sur del Rio Bravo sino también al norte.

Pero tal vez lo más grave de todo es el estímulo al desgastado discurso basado en el Destino Manifiesto, pues en lugar de replantear el futuro del país como una oportunidad histórica lo lanza al vacío con la ilusión de recuperar lo imposible. El engaño de la retórica belicista radica en que oculta la crisis por la que atraviesa la sociedad estadounidense, ignorándola simple y llanamente, lo que está provocando una enorme frustración y de paso profundizando -en aventuras como la de Irak- la crisis económica por la que atraviesa. Los políticos en EEUU siguen utilizando la idea de superioridad -muy al estilo de Hitler en su momento- para ocultarle a sus representados la debacle. Y todos sabemos en que acabó el sueño nazi.

En este sentido, desde México pensamos que nuestros vecinos del norte deben tomar en cuenta que la guerra contra el narcotráfico no les favorece en ningún sentido. Que provocar un incendio en la casa del vecino pone en riesgo la suya, pues tarde o temprano, si el fuego crece, lo invadirá indefectiblemente. Es por ello que desde acá hacemos un llamado a un pueblo caracterizado por sus ideales de libertad para que, como lo hicieron en los años sesenta y setenta, cuando se opusieron a la guerra en Vietnam, se opongan sin ambages a la guerra que estamos viviendo en México. Que se opongan ya que ésta sólo favorece a los dueños del dinero, a los mismos que saquearon el erario para rescatar a los bancos, y no a sus hijos y nietos, pues si las cosas siguen como están se verán obligados a combatir el incendio no al sur de la frontera, sino bajo sus propios pies, en su propia casa.

jueves, 22 de marzo de 2012

El legado de Felipe Calderón

El presidente de la república ha seguido promocionando su imagen con la especie de que su legado será una policía federal nueva, profesional y acorde con los estándares internacionales, lo que según él acabará con la violencia y la inseguridad. Al mismo tiempo, el encargado de organizar esa fuerza policiaca se encuentra envuelto en un conflicto que claramente demuestra lo contrario.

El montaje cinematográfico que realizó García Luna al detener a Florence Cassez confirma no sólo el desprecio por la legalidad sino la falta de profesionalidad, la improvisación, la idea de que el fin justifica los medios sin hacer un juicio de valor previo, sin medir las consecuencias de la acción.

En realidad el legado de Calderón es y será la institucionalización de la superficialidad, de la impunidad y de la violencia. Y esto es el resultado de una ignorancia evidente de la ética política, que es el instrumento clave para medir hasta donde el fin justifica los medios. Porque en el espacio de la ética no existen soluciones a contentillo ni mucho menos predeterminadas. Muy por el contrario, cada situación exige una reflexión ética que puede dar como resultado que el fin justifique los medios pero no siempre. Pero entonces ¿cómo saber cuando mis acciones están justificadas por el fin que persigo? Un elemento clave para obtener una respuesta es preguntarse si los medios están acordes con el fin deseado.

En su libro El poder y el valor, Luis Villoro nos da un par de ejemplos que pueden servirnos para profundizar en el problema. Por un lado nos recuerda la decisión de Benito Juárez de fusilar a Maximiliano y se pregunta si en realidad la acción del oaxaqueño se justificaba o no. En realidad el dilema estaba entre la sobrevivencia de la república mexicana y el derecho a la vida del malogrado emperador.

Nadie puede negar que el austriaco tenía derecho a vivir, más aún cuando muchos historiadores le han reconocido su buena fe aunque también su desconocimiento de la realidad política mexicana. En este punto, la pregunta entonces es si el medio, la acción, generará un ambiente acorde con el fin perseguido, o sea, la restauración de la república y de las libertades consustanciales a dicho régimen político. Y aquí es evidente que con la desaparición física del emperador se lograba, primero, enviar un mensaje claro a las naciones del mundo para evitar futuras invasiones; pero al mismo tiempo el fusilamiento generaría un cambio de la realidad política mexicana, en donde las libertades republicanas y la soberanía nacional estarían garantizadas, al menos en teoría, cosa imposible de concebir en un imperio.

El segundo ejemplo es el de la revolución encabezada por Miguel Hidalgo, quien evidentemente tenía las mejores intenciones de generar un clima de libertades opuesto al sometimiento de los habitantes de la Nueva España frente al imperio español. Es por eso que Hidalgo se lanza a la lucha. Sin embargo, después de ser testigo de batallas en las cuales morían miles y miles de personas y, al mismo tiempo, ser consciente de que el fin deseado se alejaba más y más no le quedó más remedio que aceptar la responsabilidad de sus acciones y sobre todo de sus consecuencias. Fue así como las crónicas describen a Hidalgo llorando por su error, reconociendo así que se había equivocado, que el fin no justifica el medio elegido. En eso radica la grandeza de Hidalgo y el reconocimiento de su paternidad de México, a pesar de que el país vivió una guerra que duró once años y que lo sumió en la pobreza y la desesperanza.

En este sentido, si bien Calderón -en el colmo de su soberbia- se ufana de ser un valiente que enfrentó el problema del narcotráfico, resulta evidente que es un ignorante de la ética política, no sólo porque presume de logros inexistentes sino sobre todo porque no muestra el menor remordimiento por las consecuencias de su decisión. A meses de terminar su nefasta administración el país está peor que hace seis años en materia de seguridad y el tan campante. En realidad, su legado es y será un país en llamas, más lejos que hace seis años de la anhelada paz y la concordia entre los habitantes de este país.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Los aumentos a la tropa propician la discriminación social

Cuando se comparan los ejércitos de Latinoamérica y sus características principales salta a la vista una que ha sido la diferencia fundamental entre el ejército mexicano y, por ejemplo, el chileno. Las fuerzas armadas chilenas están claramente dirigidas por oficiales surgidos de los grupos sociales más poderosos del país mientras que el mexicano es heredero directo de la revolución mexicana y por ende un ejército formado de arriba abajo por sectores populares. Se puede afirmar entonces que los chilenos tienen un ejército de clase y los mexicanos un ejército de extracción popular.

Tal vez por ello, el golpe de estado en Chile en 1973 contó con la participación entusiasta de los militares para defender los intereses de la iglesia y las oligarquías sometidas a los Estados Unidos. Dada su composición, los militares chilenos no dudaron ni un solo momento para dar el golpe pues su razón de ser radica en la defensa de los poderosos. Y tal vez por ello, el ejército mexicano no tuvo la tentación de dar un golpe en México en los años de la guerra sucia o cuando estalló la crisis económica en los años ochenta.

Sin embargo las cosas parecen estar cambiando en el carácter popular de las fuerzas armadas en México pues el enorme aumento a su presupuesto puede empezar a generar a su interior una serie de intereses que eventualmente lo convierta en una institución más preocupada por mantener sus privilegios y poder político que en someterse al liderazgo civil y mantenerse alejado de la política. El reciente aumento de casi 150% al sueldo de los soldados rasos, que será ahora $10,800 pesos -más del doble de lo que ganaban, o sea $4,300- me parece una señal preocupante en este sentido.

El problema no es el que la tropa gane bien y que además goce de excelentes prestaciones como salud, educación para sus hijos, pensiones y demás sino que la inmensa mayoría de los que tienen a suerte de tener un trabajo formal, ni han tenido aumentos significativos ni mucho menos pueden acceder a buenas prestaciones desde hace décadas. De hecho la tendencia de la mayoría de los empleos en México es a la precarización, bajando su poder de compra y viendo cada vez más lejana la posibilidad de contar con las ventajas de las prestaciones sociales. Según datos del INEGI, de los 2.5 millones de nuevos empleos sólo el 16.1% tiene acceso a la seguridad social. Si a esto agregamos que casi el 30% de la población empleada trabaja en la informalidad se puede tener una idea más clara del problema.

El aumento fue, como dije arriba, a los soldados de bajo rango, lo que nos da una idea de lo que ganan los oficiales, no se diga lo generales. En este sentido, lo que se está propiciando es el ensanchamiento de las diferencias entre los trabajadores civiles y los que laboran en las fuerzas armadas. Este hecho puede conducir a una situación en la que los intereses de éstas estén más orientados a sus propias condiciones económicas y políticas que a las necesidades de la Nación en su conjunto. Las condiciones de excepción que gozan los integrantes del ejército y la marina –no sólo las económicas sino las políticas, como el fuero- pueden generar un espíritu de cuerpo ajeno a sus responsabilidades constitucionales por lo que me parece muy peligroso que, en aras de mantener una alianza política entre el presidente y el ejército, se cree una situación que lo aleje de las causas populares y los intereses de la mayoría.

Al argumento utilizado por Calderón de que las actividades de los militares son vitales para la república, por lo que hay que pagarles bien, habrá que responderle sin titubeos que lo mismo puede decirse de un albañil, un médico, un maestro, etcétera. Pero lo que no se puede ignorar son las consecuencias de mantener en estado de excepción a los militares y además restregarles en la cara a los millones de asalariados que ganan menos de cinco salarios mínimos, que sólo los militares merecen ingresos justos y seguridad social. Eso no es más que otra cara de la discriminación alimentada desde el poder político.