jueves, 29 de abril de 2010

Causas y posibles consecuencias de la ley antiinmigrante en Arizona

La recientemente aprobada ley antiinmigrante en el estado de Arizona no deja lugar a dudas que las consecuencias de la crisis económica mundial y su impacto en los Estados Unidos es real, a pesar de que Wall Street y sus socios griten a los cuatro vientos que la economía se está recuperando. En efecto, la recuperación es real pero sólo para el pequeño grupo de privilegiados que controlan los grandes bancos y las grandes corporaciones; para la mayoría de los estadounidenses las cosas van de mal en peor, por lo que millonarios están diseñando mecanismos que redireccionen la frustración colectiva hacia actores sociales vulnerables, evitando que se les presione para reducir sus ganancias o peor aún, se les encarcele por el uso privado de recursos públicos.

Son precisamente estos privilegiados que sostienen su recuperación gracias a la progresiva pauperización de la población estadounidense y hoy están utilizando los recursos del rescate, facilitados por Obama, para combatir en el congreso las leyes dirigidas a regular mejor sus actividades comerciales. Pero además hace falta el chivo expiatorio que distraiga la atención del pueblo estadounidense y mundial para seguir cometiendo los gigantescos fraudes con los cuales se enriquecen. Y este no puede ser otro que el inmigrante ilegal, particularmente de origen mexicano o centroamericano.

Al igual que el neofascismo en Europa, los ultra conservadores yanquis están impulsando leyes que compensen al ciudadano medio -por la pérdida de su poder adquisitivo, de sus casas y de sus trabajos- exacerbando los sentimientos racistas y discriminatorios, alimentando la idea de su superioridad. Este mecanismo no es nuevo. Se ha utilizado desde hace mucho por las clases dominantes para tapar sus barbaridades; lo hicieron los reyes católicos en España en el siglo XVI, cuando expulsaron a los judíos para ocultar sus problemas financieros; lo hizo Calles en Sonora y Sinaloa en contra de los inmigrantes chinos y japoneses, a principios del siglo XX, para apoderarse de sus negocios y recapitalizar a los dueños de la tierra.

Así las cosas, la ley antiinmigrante sólo es una muestra más de la debacle de la economía estadounidense pero también del poder de los dueños del dinero y de la confusión entre la ciudadanía. Sin embargo, tal vez esta ofensiva en contra de los trabajadores inmigrantes los obligue a organizarse mejor y ampliar su base política, convirtiéndose así en un actor social y político –ya es económico sin duda- consciente de su lugar, de sus objetivos y de la defensa del trabajo. Esta posible consecuencia sería fundamental para contrarrestar el poder del capital y fortalecer a los trabajadores, no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo.

jueves, 22 de abril de 2010

Las precandidaturas únicas en Veracruz: impunidad y cinismo.

Las recientes precampañas en el estado de Veracruz confirman el desprecio que su clase política tiene de la democracia, las leyes electorales y sobre todo de la ciudadanía. No conformes con que la deuda pública haya crecido de más de dos mil millones de pesos en 2004 a más de 11 mil millones para el fin del gobierno de Fidel Herrera, nuestros representantes siguen demostrando que la impunidad es su divisa y el cinismo su vocación.

Los espectaculares y demás propaganda política, pagada por el erario público, demostró claramente que las precampañas fueron un fraude, pues no existió en ninguno de los partidos la intención de ofrecer una espacio para la contienda interna, en la cual varios miembros destacados de los institutos políticos pudieran apelar a su militancia para que fuera ésta, la que seleccionara a sus futuros candidatos. Prevaleció la voluntad del ejecutivo estatal y las oligarquías regionales, las cuales no quisieron correr riesgos exponiendo a sus favoritos a una precampaña que pudiera desgastarlos antes de tiempo.

Si bien la idea de evitar que miembros de un mismo partido se sacaron los trapitos al sol parecería ser la razón de las precandidaturas únicas no se puede dejar de pensar que la otra intención, tan importante o más que la primera, fue la de concentrar los recursos de las precampañas en el precandidato único, adelantándose a los tiempos electorales y empezar desde las precampañas.

Seguramente el militante que diseñó la táctica fraudulenta para los partidos debe sentirse muy orgulloso de burlar la ley, sin tener que asumir las consecuencias. Lo interesante es que toda la partidocracia coincidió en pervertir a las precampañas: azules, amarillos y rojos siguieron el mismo camino para maximizar los rendimientos del gasto publicitario concentrándolo en la promoción de una sólo persona.

No sorprende en absoluto el proceder de la clase política y el gobierno de Veracruz. Tampoco me sorprenderá que una vez concluido el proceso electoral, alguno de los candidatos electos beneficiados con la artimaña salga con la brillante idea de reformar la ley electoral para anular la posibilidad de que los partidos políticos que sólo presenten un precandidato a las precampañas gocen del financiamiento público, como ya sucede en otras entidades del país.

Como se ve, la impunidad queda en evidencia pues ningún partido político impugnará el uso fraudulento de los recursos públicos para las precampañas; todos le entraron con ganas. Quedará por definir quién será el cínico o cínica – no quiero discriminar a nadie- que encabezará el proceso de reforma para acabar con las ‘lagunas’ de la ley que hicieron posible el fraude de las precampañas de 2010 en Veracruz. No faltará quién se lo agradezca y lo considere un político con futuro. Mientras tanto la ciudadanía confirmará, una vez más, que los partidos políticos y sus gobernantes traen su propia agenda y que no precisamente coincide con la suya.

jueves, 8 de abril de 2010

Periodismo y narcotráfico.

La reciente publicación de una fotografía en la portada del último número del semanario Proceso, en la cual aparece Julio Scherer al lado del Mayo Zambada ha desatado una polémica en la opinión pública que se mueve entre la ética profesional del destacado periodista y del balance de la guerra contra el narco. Se ha dicho, entre otras cosas, que el fundador de Proceso fue utilizado para enviar un mensaje para amenazar a la sociedad mexicana. Otros destacan que la relevancia del mensaje es lo importante, pues pone en evidencia la impunidad de la que goza el narcotráfico en México y de la ineficacia de la política de seguridad del gobierno federal y el ejército para combatirlo.

Sin duda que es un tema espinoso por donde se le vea. Sin embargo habría que reconocer, en primer lugar, que el narcotráfico quiere comunicarse con la sociedad mexicana para mejorar su imagen, si esto es posible. En otras palabras, la narco empresa reconoce la necesidad de contar con una estrategia de comunicación que lo destaque como actor político, con el objetivo de debilitar la legitimidad de la guerra en su contra. Por si fuera poco, entre líneas el mensaje subraya que la sociedad mexicana ha integrado el narcotráfico, su cultura y sus consecuencias sociales, a su vida cotidiana con todo y el terror resultante de semejante hecho.

Lo anterior parece confirmar lo que se ha dicho en otros ámbitos: que el desprestigio del estado frente a la sociedad, producto de la corrupción, la pobreza y el desempleo rampantes, ha puesto en duda la legitimidad del estado. Y peor aún, que frente a semejante realidad, parte de la población ve como única salida emplearse con el narco y vivir bajo su control para sobrevivir. De que otra manera comprender la fascinación de muchos coterráneos por los narco corridos, por el estilo de vida de los narcos -reproducido en novelas, reportajes, películas, hábitos de consumo, formas de vestir.

En mi opinión, la discusión con respecto a la ética profesional del periodista en cuestión tiene como misión ocultar precisamente el enorme poder y capacidad del narcotráfico para generar una imagen frente a la sociedad mexicana y mundial. Dicha discusión no se pregunta cómo hemos llegado hasta aquí ni mucho menos pone en cuestión el enorme fracaso de la política guerrerista de Calderón y sus generales. Es eso lo que se trata de ocultar, centrando el debate en lo secundario que, dicho sea de paso, es la regla básica en el mundo periodístico: el pragmatismo de un periodista para sacar la exclusiva. Lo que queda claro aquí es que a más de tres años de la llegada de Calderón, el poder del narcotráfico ha aumentado geométricamente, al grado de que se erigen en actores políticos con toda la intención de construir una imagen pública. Y eso no es precisamente responsabilidad de los periodistas.

miércoles, 31 de marzo de 2010

¿Por qué se rajó Miguel Hidalgo?

En este año en el que se celebra el bicentenario y el centenario de las mal llamadas revoluciones en México no queda más que iniciar un proceso de crítica -no sólo para ir a contracorriente de toda la propaganda oficial sino también para volver a pensar en esos momentos de nuestra historia a la luz de la época que vivimos- que parta precisamente de la desacralización de la historia oficial, que ha servido más para mantener y acrecentar las desigualdades sociales que para mitigarlas.

Voy a empezar con la revolución de independencia, poniendo en duda su carácter revolucionario y aclarando algunos hechos que se dan por sentados, los cuales la recubren de una áurea mítica precisamente para ocultar su naturaleza conservadora. Un ejemplo típico para comprender lo anterior es el hecho de que estando a las puertas de la ciudad de México con el ejército realista impotente, Miguel Hidalgo y Costilla no se atrevió a tomarla con su ejército de desarrapados: indígenas, mulatos, negros, mestizos y algunos pocos criollos, como él mismo.

Una explicación común de semejante indecisión fue que Hidalgo no quería que se repitiera la matanza y el saqueo que los insurgentes realizaron en Guanajuato. Parece ser que le impresionó mucho el nivel de violencia al que llegaron sus fuerzas, las cuales distaban de ser un ejército profesional y disciplinado.

Su indecisión, o mejor dicho, sus prejuicios de clase, probaron ser fatales no sólo para él sino para la idea de una revolución popular; poco tiempo después le cortaron la cabeza, la colgaron en Guanajuato y el país se sumió en una guerra que, con altas y bajas duró once años más y dejó al país quebrado y en caos permanente.

En mi opinión, el cura Hidalgo y sus seguidores criollos sólo querían, como después lo querrá también Madero, cambiar un poquito –sacar a la Corona del negocio y dejar al mando a los criollos terratenientes, comerciantes y militares- para que las cosas siguieran igual. Se trataba de que hubiera un cambio en la cabeza del cuerpo social, en beneficio de los criollos, manteniendo al resto trabajando para ellos. No falta que alguien diga que Hidalgo acabó con la esclavitud para demostrar que sus intenciones eran buenas. Pero eso no pasó del papel. En realidad, la verdadera esclavitud, la de los millones de indígenas que vivían en el mundo colonial, no cambió en lo absoluto. Se les siguió explotando bien y bonito, sólo que ahora por los más entusiastas impulsores de la independencia. Pero eso sí, ya eran mexicanos independientes, soberanos, libres y un largo etcétera. ¿Qué más querían?

Por lo tanto, todo el ruido por el bicentenario sólo busca ocultar el hecho de que la independencia de México sólo le sirvió a unos cuantos, mientras que la inmensa mayoría de la población siguió viviendo en las mismas condiciones que antes. Ahh pero, para que acordarse de eso si estamos de fiesta. Pues simple y sencillamente para reflexionar sobre nuestro pasado y comprender mejor nuestro presente; pero sobre todo para concebir el futuro. Lo que pasó hace doscientos años tiene mucho que ver con lo que está pasando ahora y seguramente con lo que nos espera.

jueves, 11 de marzo de 2010

Amores que matan

Las recientes declaraciones de los hijos de Marcial Maciel, fundador de la congregación Los Legionarios de Cristo, con respecto a los abusos a los que fueron sometidos por parte de su padre removieron profundamente los cimientos del Vaticano y la iglesia católica alrededor del mundo pero también pusieron en entredicho las ambiciones políticas de sus representantes en México, dada su estrecha relación con el personaje en cuestión.

El Vaticano está hoy tratando de resolver las acusaciones por los escándalos sexuales protagonizados por parte de su representación en Irlanda, al grado de que el propio Ratzinger ha tenido que mostrarse enérgico, ordenando la realización de una exhaustiva investigación. El objetivo es detener el creciente desprestigio de sus subordinados en un país profundamente católico y promover la imagen de que el papa no tolerará actos de ésa naturaleza dentro de sus dominios.

Pero los problemas que enfrenta en México no son menores y también ha obligado al sucesor de San Pedro a llevar a cabo una investigación de los Legionarios de Cristo, no sólo en nuestro país, sino en todos los lugares en donde esta congregación posee colegios, seminarios y propiedades de todo tipo. La presión que enfrenta el Vaticano lo ha llevado a cometer pifias que demuestran lo poco informado que está de la percepción de sus fieles con respecto de los escándalos. La reciente declaración de un representante del Papa no deja lugar a dudas de la ausencia de una estrategia clara para enfrentar el problema, al afirmar que la pederastia no sólo la practican algunos curas católicos sino también algunos miembros de la sociedad civil. Mal de muchos….

En el caso de México, el golpe contra los Legionarios de Cristo puede y debe tener repercusiones en las alianzas que la curia mexicana ha concretado con los partidos políticos, sobre todo del PAN, que cuenta entre sus filas con destacados miembros de la congregación señalada. Pero esto no deja afuera a PRI, que ha impulsado la criminalización del aborto en buena parte de los estados de la república, entre ellos el de Veracruz. Esto sin olvidar que puede provocar un efecto contrario al que buscaba el distinguido político metrosexual, Enrique Peña Nieto, al presentar a su futura esposa en el Vaticano.

La sociedad mexicana es mayoritariamente católica pero no por eso va a ignorar el escándalo desatado por los hábitos de Marcial Maciel, con todo y la censura del duopolio televisivo. Así que, probablemente, el nivel de protagonismo de la iglesia católica en la política mexicana se reduzca en la medida en que sus actuales aliados políticos traten de evitar el compartir con ella el costo político del escándalo. Hay amores que matan. Insisto, probablemente, pues ¿Desde cuándo los políticos mexicanos se han distinguido por combatir la impunidad?

jueves, 4 de marzo de 2010

Vamos mal y viene lo peor

Arrancaron formalmente las precampañas en Veracruz, aunque ya desde el año pasado los futuros candidatos venían haciendo proselitismo sin rubor alguno, dejando en claro que las instituciones encargadas de organizar y regular los procesos electorales en el estado no tienen la fuerza ni la voluntad necesaria para cumplir con las obligaciones que les marca la ley. Lo que se veía venir desde el año pasado está sucediendo paso a paso y sin ninguna señal en el sentido contrario.

En primer lugar, las patadas abajo de la mesa entre los suspirantes del PAN y del PRI al gobierno del estado, ejes de la contienda política en el estado, suceden tal como muchos preveíamos. En efecto, las marrullerías de las dirigencias partidistas -controladas por el ejecutivo federal y estatal respectivamente- están definiendo el inicio del proceso electoral. Por un lado Gerardo Buganza se quedó como novia de pueblo, a pesar de su campaña política con el café que lleva su nombre como punta de lanza; mientras que Héctor Yunes parece que ni siquiera será precandidato oficial, pues la maquinaria de su partido quiere un solo precandidato para evitar que sus aspiraciones se fortalezcan y la militancia no vaya a tener dudas a la hora buena.

En segundo lugar, la avalancha de publicidad y sus contenidos parecen no tener límites y eso que apenas estamos comenzando. Los mensajes ya saturan a los periódicos, la radio y la televisión locales con un contenido demogógico extremo, típico de un sistema de partidos que Sartori definiría como de pluralismo polarizado. El conocido teórico de la política considera que esta variante del sistema de partidos se caracteriza, entre otras cosas, por la práctica sistemática de los contendientes de prometer lo imposible, sin importar lo que el votante piense. Además, la polarización de los partidos genera un desprecio sistemático por las reglas electorales, las cuales sólo son vistas como obstáculos a superar, con una dosis combinada de cinismo y de dinero.

Por último, las campañas utilizarán cada vez más la descalificación del adversario como estrategia de comunicación, que se intensificará conforme se acerque el día de la elección. Esto provocará que los votantes se alejen de las urnas, garantizando así el triunfo del partido que cuente con el voto duro más consistente y abultado. Todo lo anterior seguirá abonando en contra de la legitimidad de los mecanismos para nombrar representantes a puestos de elección popular en nuestro país y sobre todo en contra del erario público. Los candidatos echarán mano de enormes recursos económicos legales y no tanto para asegurar los resultados deseados. Así que parafraseando la frasecita de moda se podría decir: Vamos mal y viene lo peor.

domingo, 21 de febrero de 2010

La historia contraataca

Algunos historiadores asumen que el devenir de la humanidad es un proceso lineal y progresivo. El tren de la historia va siempre hacia adelante y nada lo puede hacer regresar al origen. El historicismo se basa en la creencia de que las sociedades no cometen los mismos errores dos veces y que, como cantaba José José, ya lo pasado pasado. Esta corriente del estudio de la historia sirve perfectamente a los intereses de los grupos dominantes en nuestras sociedades, pues alimenta la esperanza, la confianza de que las cosas van a mejorar y que al final del camino estará esperándonos el paraíso perdido.

Lamentablemente, los hechos históricos han demostrado una y otra vez que la historia no va necesariamente hacia adelante, que los horrores y fantasmas aparentemente superados se aparecen cuando menos se esperan. ¿Quién iba a pensar que en pleno siglo veinte murieran millones de personas en campos de concentración por el fascismoi o en cárceles clandestinas mantenidas por estados ‘democráticos’ alrededor del mundo?

Viene esto a cuento porque en nuestros días, las y los mexicanos estamos presenciando un batalla que pensamos ya habíamos superado con las guerras de reforma y posteriormente con la revolución de 1910-1920. No puede uno pensar otra cosa cuando el conjunto de la sociedad mexicana está nuevamente discutiendo el carácter laico del estado, pero sobre todo sus fuentes de legitimidad. A lo largo de la mayor parte del siglo XIX, nuestro país fue gobernado por un estado que tenía al ejército y a la iglesia como sus bases políticas, al igual que durante todo el virreinato.

La reciente visita de Felipe Calderón a ciudad Juárez confirma lo anterior ya que, más que utilizar la visita para ofrecer sus lágrimas de cocodrilo por los jóvenes asesinados en días pasados, su objetivo principal fue confirmar que el ejército seguirá en las calles aunque genere más violencia y atropellos a los derechos humanos. Si a este hecho agregamos que la PGR ha decidido cuestionar la constitucionalidad de los matrimonios entre personas del mismo sexo, no queda más que aceptar que el gobierno federal vuelve al modelo de la colonia y los gobiernos conservadores del siglo XIX, sólo que con el agravante de que en esa época no existía un sistema político como el de hoy, que afirma su legitimidad en procesos democráticos y republicanos.

Así las cosas, en pleno siglo XXI estamos otra vez a la puerta de una discusión aparentemente superada: las fuentes del poder el estado no residen en la acción de corporaciones autárquicas, antidemocráticas y profundamente antidemocráticas sino en la voluntad popular. Pero precisamente por eso, porque el estado mexicano desprecia ésa voluntad popular, ha decidido apoyarse en los militares y el clero para poder imponer sus intereses y los de la clase que representa. ¿Surgirán nuevas guerras civiles para zanjar la cuestión, aunque sólo sea por los próximos cien años? ¿O estamos ya en una?