La decisión de la Suprema Corte de Justicia que dio paso a la liberación de algunos de los indígenas chiapanecos encarcelados por su participación en la matanza de Acteal nos demuestra, una vez más, que sus integrantes están para garantizar la impunidad de los crímenes cometidos por el Estado mexicano y no para proteger a la ciudadanía de los abusos de poder. Con el argumento de que los procesos judiciales contenían serias irregularidades los magistrados cerraron la última puerta para posibilitar el esclarecimiento de la matanza.
Concediendo que los procesos judiciales en cuestión hayan estado mal integrados –probablemente con la intención de ocultar la verdad- la resolución de la Corte ignoró el problema de fondo, que fue el involucramiento del ejército federal, de la policía estatal y de todo el aparato de los gobiernos federales y estatales en la matanza. Si se hubiera tomado en cuenta lo anterior, los magistrados debieron haber sugerido la reposición de los procesos pero la idea era precisamente cortar de tajo la posibilidad de que la verdad saliera a la luz.
La importancia del caso obligó al Estado mexicano a utilizar todos los recursos a su alcance: la ofensiva mediática que iniciaron el año pasado los intelectuales afines al poder, encabezados por Héctor Aguilar Camín y su grupo; la defensa de los presuntos responsables de la matanza por el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE); al propio poder judicial para acabar de una buena vez con el problema; y la manipulación de la opinión pública por medio de reportajes en radio y televisión mostrando a los victimarios como víctimas.
El crimen de Estado tiene la misión de enviar un mensaje contundente a la ciudadanía, subrayando los límites de la participación política -en particular de los movimientos sociales- que desafíe a las políticas públicas y los proyectos de desarrollo oficiales. Pero además posee la virtud de demostrar la magnitud del castigo y la nula posibilidad de utilizar las instituciones de la república para lograr el esclarecimiento de los hechos. Por lo que toca a la matanza de Acteal, el Estado simplemente quiso imponer la versión más cómoda: la violencia fue producto de un pleito de indios. Con ello confirmó la estrategia de una guerra de baja intensidad en Chiapas, con el objetivo dividir y enfrentar a los integrantes o simpatizantes del movimiento neozapatista, y por el otro lado, de cara al resto del país, de la barbarie que impera entre los indios del sureste mexicano y la necesidad de domesticarlos, por la buenas o por las malas.
Así las cosas queda claro que el poder judicial no está para hacer justicia; está para apoyar al poder en lo que sea necesario, incluso garantizándole impunidad. Así que nadie se sorprenda del fallo. La sorpresa hubiera que hubieran hecho lo contrario. Mientras tanto, en Acteal siguen esperando justicia.
martes, 22 de septiembre de 2009
lunes, 21 de septiembre de 2009
¿Para que se festeja la independencia nacional?
Con la cruda moral -que no etílica- de los festejos de nuestra maltrecha independencia nacional, parece inevitable reflexionar acerca del significado de la principalísima festividad cívica en este país.
Salta a la vista, en primer lugar, la fastuosidad y el dispendio de nuestros gobiernos por celebrar lo que, dadas las circunstancias, resulta comprensible pero inútil. Se entiende que la clase política y los dueños del dinero atrás de ellos se preocupen por cultivar y motivar el amor a la patria, pues gracias a dicho sentimiento la ciudadanía estará más dispuesta a apretarse el cinturón y apechugar con las medidas draconianas que están por venir: ¡sacrifícate por México! aunque no todos se aprieten el cinturón por igual y algunos, más bien, estén pensando en agregarle un agujero más para que quepa lo que se van a embolsar vía transferencias de recursos públicos, regímenes fiscales especiales o aumentos de sueldos y bonos.
Pero toda la parafernalia nacionalista no dura más de un día pues al siguiente, o sea hoy, las cosas retoman su curso y la realidad se impone sin miramientos. Y esa realidad es el franco y evidente sometimiento de los intereses nacionales (sea esto lo que usted quiera) a las necesidades del capitalismo internacional y su maltrecha cabeza, los Estados Unidos. No faltan los ingenuos que se preguntan ¿por qué en los países de primer mundo los impuestos bajan y los estímulos al consumo aumentan, mientras que en este país sucede lo contrario? Pero que esperaban. ¿Hasta cuándo se va a asumir que la existencia de un sistema económico interestatal impone funciones ineludibles para los países subordinados? Que el 80% de la riqueza producida en el mundo está para financiar el enorme déficit fiscal del gobierno estadounidense.
En este sentido, la misión de la exacerbación de los sentimientos nacionales por medio de festejos de relumbrón, radica en ocultar la subordinación sistemática de las economías y los gobiernos nacionales periféricos a los intereses de las corporaciones internacionales. Miénteme pero no me dejes, parecemos decirle a ésa construcción social llamada México, mientras devoramos los chiles en nogadas, el pozole, las garnachas y los regamos con generosas porciones de tequila. De otro modo tendríamos que reconocer la dura verdad de que la soberanía nacional es un cuento chino de los mandones para sacarnos más jugo. Y ésa es la cruda moral a la que me refiero. ¡Salud!
Salta a la vista, en primer lugar, la fastuosidad y el dispendio de nuestros gobiernos por celebrar lo que, dadas las circunstancias, resulta comprensible pero inútil. Se entiende que la clase política y los dueños del dinero atrás de ellos se preocupen por cultivar y motivar el amor a la patria, pues gracias a dicho sentimiento la ciudadanía estará más dispuesta a apretarse el cinturón y apechugar con las medidas draconianas que están por venir: ¡sacrifícate por México! aunque no todos se aprieten el cinturón por igual y algunos, más bien, estén pensando en agregarle un agujero más para que quepa lo que se van a embolsar vía transferencias de recursos públicos, regímenes fiscales especiales o aumentos de sueldos y bonos.
Pero toda la parafernalia nacionalista no dura más de un día pues al siguiente, o sea hoy, las cosas retoman su curso y la realidad se impone sin miramientos. Y esa realidad es el franco y evidente sometimiento de los intereses nacionales (sea esto lo que usted quiera) a las necesidades del capitalismo internacional y su maltrecha cabeza, los Estados Unidos. No faltan los ingenuos que se preguntan ¿por qué en los países de primer mundo los impuestos bajan y los estímulos al consumo aumentan, mientras que en este país sucede lo contrario? Pero que esperaban. ¿Hasta cuándo se va a asumir que la existencia de un sistema económico interestatal impone funciones ineludibles para los países subordinados? Que el 80% de la riqueza producida en el mundo está para financiar el enorme déficit fiscal del gobierno estadounidense.
En este sentido, la misión de la exacerbación de los sentimientos nacionales por medio de festejos de relumbrón, radica en ocultar la subordinación sistemática de las economías y los gobiernos nacionales periféricos a los intereses de las corporaciones internacionales. Miénteme pero no me dejes, parecemos decirle a ésa construcción social llamada México, mientras devoramos los chiles en nogadas, el pozole, las garnachas y los regamos con generosas porciones de tequila. De otro modo tendríamos que reconocer la dura verdad de que la soberanía nacional es un cuento chino de los mandones para sacarnos más jugo. Y ésa es la cruda moral a la que me refiero. ¡Salud!
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¿Para qué empeñar el futuro?
Para enfrentar la crisis económica, la economía familiar tiene dos opciones: bajar el nivel de consumo o empeñar el futuro (léase, por ejemplo, abandonar la idea de que todos los hijos irán a la universidad) para seguir pagando las mensualidades del automóvil, los tiempos compartidos en alguna playa del país, o los pagos de la tarjeta de crédito. O sea, hoy nos la pasamos bien; mañana quien sabe. Ese es el dilema que buena parte de las familias mexicanas tienen que asumir hoy.
Bueno, pues lo mismo está pasando con el gobierno del estado de Veracruz, que en lugar de bajarle a la renta de espacios en televisión para promover a sus dirigentes, a los sueldazos de funcionarios de todos los colores, más viáticos, bonos y lo que se acumule, han decidido bursatilizar los ingresos futuros para salir del bache.
¿Que diablos es eso de al bursatilización? Muy fácil: vender los ingresos del futuro para gastarlos hoy. Esto es muy grave pues la administración actual está extralimitando su periodo de gobierno, ampliando su presupuesto con dinero que le está quitando a las futuras administraciones. En términos financieros es cavar un pozo para tapar otro. En términos políticos es ampliar su mandato utilizando ingresos públicos que no le corresponden.
Ni para que entrar en el tema de para que se va usar ese dinero. Baste decir que lo que se está haciendo es simplemente cubrir los huecos de los gastos que dejaron las elecciones pasadas con dinero que no le pertenece a la administración actual. Al igual que parte de las familias mexicanas –aquéllas que tienen el dudoso privilegio de contar con crédito- el gobierno veracruzano se va por el hoy despreciando el mañana.
La pregunta prevalece: ¿Por que un gobierno que sólo tiene seis años dispone de los ingresos de los próximos diez o veinte años? Una cosa es segura: no van a ser ellos los que rindan cuentas de la crisis financiera de las próximas administraciones. Y al final vamos a ser usted y yo los que paguemos los platos rotos.
Entiendo que los padres de familia se la jueguen empeñando su futuro. Después de todo es su dinero y su futuro. Pero ¿con que derecho los políticos de hoy disponen de los recursos públicos de mañana y del futuro de la sociedad veracruzana en su conjunto? Esto sin mencionar el jugoso negocio para las bolsas de valores, que se dedicarán a especular con recursos públicos. Al final salen ganando nuestros representantes y los financieros internacionales. Unos porque contarán con más margen de maniobra para promover sus propios intereses políticos; los otros ganando millonadas con dinero público barato. Lo que resulta evidente es el desprecio por el sentido común, tanto en la esfera privada como en la pública, y el triunfo del corto plazo pues en el largo plazo todos estaremos muertos.
Bueno, pues lo mismo está pasando con el gobierno del estado de Veracruz, que en lugar de bajarle a la renta de espacios en televisión para promover a sus dirigentes, a los sueldazos de funcionarios de todos los colores, más viáticos, bonos y lo que se acumule, han decidido bursatilizar los ingresos futuros para salir del bache.
¿Que diablos es eso de al bursatilización? Muy fácil: vender los ingresos del futuro para gastarlos hoy. Esto es muy grave pues la administración actual está extralimitando su periodo de gobierno, ampliando su presupuesto con dinero que le está quitando a las futuras administraciones. En términos financieros es cavar un pozo para tapar otro. En términos políticos es ampliar su mandato utilizando ingresos públicos que no le corresponden.
Ni para que entrar en el tema de para que se va usar ese dinero. Baste decir que lo que se está haciendo es simplemente cubrir los huecos de los gastos que dejaron las elecciones pasadas con dinero que no le pertenece a la administración actual. Al igual que parte de las familias mexicanas –aquéllas que tienen el dudoso privilegio de contar con crédito- el gobierno veracruzano se va por el hoy despreciando el mañana.
La pregunta prevalece: ¿Por que un gobierno que sólo tiene seis años dispone de los ingresos de los próximos diez o veinte años? Una cosa es segura: no van a ser ellos los que rindan cuentas de la crisis financiera de las próximas administraciones. Y al final vamos a ser usted y yo los que paguemos los platos rotos.
Entiendo que los padres de familia se la jueguen empeñando su futuro. Después de todo es su dinero y su futuro. Pero ¿con que derecho los políticos de hoy disponen de los recursos públicos de mañana y del futuro de la sociedad veracruzana en su conjunto? Esto sin mencionar el jugoso negocio para las bolsas de valores, que se dedicarán a especular con recursos públicos. Al final salen ganando nuestros representantes y los financieros internacionales. Unos porque contarán con más margen de maniobra para promover sus propios intereses políticos; los otros ganando millonadas con dinero público barato. Lo que resulta evidente es el desprecio por el sentido común, tanto en la esfera privada como en la pública, y el triunfo del corto plazo pues en el largo plazo todos estaremos muertos.
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jueves, 13 de agosto de 2009
Participación política: ¿cooperación o competencia?
En la coyuntura actual, la participación política ha sido vista como el espacio privilegiado de la acción ciudadana para elegir a sus representantes por medio del voto. En los hechos, toda otra forma de participación que no sea la electoral es vista con desconfianza y eventualmente como una amenaza para la incipiente democracia en México. Pero no sólo se participa en política votando el día de las elecciones; si así fuera la democracia sería débil y poco propensa al cambio social.
Hay que distinguir otros modelos de participación, que junto con las elecciones, conforman el espectro de la participación política en las sociedades contemporáneas y que abren espacios para la acción colectiva. Me refiero sobre todo a los movimientos sociales, agentes fundamentales del cambio social en las sociedades contemporáneas.
La participación política no es exclusiva de estados democráticos sino de cualquier régimen político. El fascismo, por ejemplo, tenía espacios de participación que encauzaban las relaciones entre el estado y la sociedad. Sería difícil saber cuanta de esa participación era inducida y cuanta libre, pero en las sociedades contemporáneas se pueden distinguir formas de participación política, independientemente del régimen en el que opere.
El elemento central de la participación política es, en mi opinión, la cooperación entre individuos. Ya sea de manera individual o colectiva, la participación es siempre cooperación, procurando mantener o cambiar la realidad social pero con otros. Pero en una sociedad que ensalza las virtudes del individualismo, los movimientos sociales son vistos como un atentado contra la individualidad, que fundida con la masa, convierte al ciudadano en un ser irracional.
En este sentido, la criminalización de los movimientos sociales está dirigida a evitar que las personas se reconozcan en otras personas y por lo tanto permanezcan aisladas, compitiendo entre sí, para ser manipuladas mejor por los políticos. Lo mismo sucede en otros ámbitos de la vida social como el trabajo y la escuela, que refuerzan la idea de que el ciudadano tiene que arreglárselas solo, a costa de su vecino o del que se deje. O peor aun, este individuo aislado sólo cuenta con la benevolencia del líder, del gobernante, del empresario, del director escolar para lograr sus objetivos.
Tal vez ésta sea la causa de que líderes de movimientos sociales sean encarcelados por muchos años mientras que los individuos que practican sistemáticamente la corrupción y el tráfico de influencias, dentro y fuera de las instituciones políticas sean tratados con infinita benevolencia por el sistema judicial. ¿Hasta cuándo? Hasta que nos demos cuenta de que los problemas sociales deben ser resueltos por nosotros mismos, de manera autogestiva, y no por una representación política en estado de putrefacción y empleada de los poderosos. Pero ¿será que esto se enseña en las escuelas y universidades?
Hay que distinguir otros modelos de participación, que junto con las elecciones, conforman el espectro de la participación política en las sociedades contemporáneas y que abren espacios para la acción colectiva. Me refiero sobre todo a los movimientos sociales, agentes fundamentales del cambio social en las sociedades contemporáneas.
La participación política no es exclusiva de estados democráticos sino de cualquier régimen político. El fascismo, por ejemplo, tenía espacios de participación que encauzaban las relaciones entre el estado y la sociedad. Sería difícil saber cuanta de esa participación era inducida y cuanta libre, pero en las sociedades contemporáneas se pueden distinguir formas de participación política, independientemente del régimen en el que opere.
El elemento central de la participación política es, en mi opinión, la cooperación entre individuos. Ya sea de manera individual o colectiva, la participación es siempre cooperación, procurando mantener o cambiar la realidad social pero con otros. Pero en una sociedad que ensalza las virtudes del individualismo, los movimientos sociales son vistos como un atentado contra la individualidad, que fundida con la masa, convierte al ciudadano en un ser irracional.
En este sentido, la criminalización de los movimientos sociales está dirigida a evitar que las personas se reconozcan en otras personas y por lo tanto permanezcan aisladas, compitiendo entre sí, para ser manipuladas mejor por los políticos. Lo mismo sucede en otros ámbitos de la vida social como el trabajo y la escuela, que refuerzan la idea de que el ciudadano tiene que arreglárselas solo, a costa de su vecino o del que se deje. O peor aun, este individuo aislado sólo cuenta con la benevolencia del líder, del gobernante, del empresario, del director escolar para lograr sus objetivos.
Tal vez ésta sea la causa de que líderes de movimientos sociales sean encarcelados por muchos años mientras que los individuos que practican sistemáticamente la corrupción y el tráfico de influencias, dentro y fuera de las instituciones políticas sean tratados con infinita benevolencia por el sistema judicial. ¿Hasta cuándo? Hasta que nos demos cuenta de que los problemas sociales deben ser resueltos por nosotros mismos, de manera autogestiva, y no por una representación política en estado de putrefacción y empleada de los poderosos. Pero ¿será que esto se enseña en las escuelas y universidades?
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sábado, 8 de agosto de 2009
Pobre universidad, tan lejos de la democracia y tan cerca de la burocracia política.
La derechización de la política como consecuencia de la crisis de acumulación capitalista contemporánea tiene impacto en varios ámbitos de la vida social de nuestro país. Ya comentaba la semana pasada que la representación política emanada de las pasadas elecciones hará todo lo posible para seguir favoreciendo una salida a la crisis que beneficie a minorías selectas a costa de las mayorías. Además, el reforzamiento de la salida militar al conflicto con el narcotráfico, ha estado reduciendo las libertades civiles y políticas, aplastando las protestas de los movimientos sociales y de todo aquel que se atreva a desafiar al régimen.
Por si fuera poco lo anterior, la derechización de la política también está contribuyendo a favorecer el autoritarismo y la antidemocracia en el sistema de educación superior de México. El caso del relevo en la rectoría de la Universidad Veracruzana es una buena muestra de ello. La inmensa mayoría de los actores políticos locales ha coincidido en que el proceso de selección del rector es bastante opaco y profundamente autoritario. Por eso no hay proyecto de largo aliento ni nada que se le parezca.
Es evidente que las formas de elección del rector de la UV, y de la inmensa mayoría de las universidades públicas, no corresponden con la realidad política nacional, la cual supuestamente apunta al fortalecimiento de la democracia como principio básico de convivencia social. ¿Cómo es posible que a los estudiantes y profesores universitarios se les invite a votar en las elecciones y al mismo tiempo se les impida participar en la designación del líder de su comunidad? ¿Por qué un ciudadano puede elegir a sus representantes políticos y sin embargo se le margina de un proceso fundamental para la comunidad universitaria y para el país? ¿O usted cree que se nace siendo democrático? ¿No sería más realista pensar que la democracia puede fortalecerse gracias a su difusión y práctica cotidiana en los espacios en donde se preparan los futuros líderes de nuestra sociedad?
La consecuencia de apartar a la comunidad universitaria de la sucesión del rector es, al mismo tiempo, su causa: la burocratización de la educación superior y de la investigación. Gracias a que se coloca a los burócratas y administradores en las universidades públicas -por encima de todos los demás grupos universitarios, fundamentalmente académicos, investigadores y estudiantes- éstas se convierten en cajas de resonancia del poder en turno, evitando por cualquier medio la organización y participación de la inmensa mayoría de la comunidad en cualquier asunto que tenga que ver con su problemática.
Al final, las universidades públicas se convierten en una dependencia de gobierno, en plataformas para robustecer el futuro político de los nuevos suspirantes. La generación de conocimiento en un contexto democrático es lo último que semejantes personajes quisieran ver, pues representaría un serio obstáculo para lograr sus objetivos y los de sus amos. Pobres universidades, tan lejos de la democracia y tan cerca de la burocracia política.
Por si fuera poco lo anterior, la derechización de la política también está contribuyendo a favorecer el autoritarismo y la antidemocracia en el sistema de educación superior de México. El caso del relevo en la rectoría de la Universidad Veracruzana es una buena muestra de ello. La inmensa mayoría de los actores políticos locales ha coincidido en que el proceso de selección del rector es bastante opaco y profundamente autoritario. Por eso no hay proyecto de largo aliento ni nada que se le parezca.
Es evidente que las formas de elección del rector de la UV, y de la inmensa mayoría de las universidades públicas, no corresponden con la realidad política nacional, la cual supuestamente apunta al fortalecimiento de la democracia como principio básico de convivencia social. ¿Cómo es posible que a los estudiantes y profesores universitarios se les invite a votar en las elecciones y al mismo tiempo se les impida participar en la designación del líder de su comunidad? ¿Por qué un ciudadano puede elegir a sus representantes políticos y sin embargo se le margina de un proceso fundamental para la comunidad universitaria y para el país? ¿O usted cree que se nace siendo democrático? ¿No sería más realista pensar que la democracia puede fortalecerse gracias a su difusión y práctica cotidiana en los espacios en donde se preparan los futuros líderes de nuestra sociedad?
La consecuencia de apartar a la comunidad universitaria de la sucesión del rector es, al mismo tiempo, su causa: la burocratización de la educación superior y de la investigación. Gracias a que se coloca a los burócratas y administradores en las universidades públicas -por encima de todos los demás grupos universitarios, fundamentalmente académicos, investigadores y estudiantes- éstas se convierten en cajas de resonancia del poder en turno, evitando por cualquier medio la organización y participación de la inmensa mayoría de la comunidad en cualquier asunto que tenga que ver con su problemática.
Al final, las universidades públicas se convierten en una dependencia de gobierno, en plataformas para robustecer el futuro político de los nuevos suspirantes. La generación de conocimiento en un contexto democrático es lo último que semejantes personajes quisieran ver, pues representaría un serio obstáculo para lograr sus objetivos y los de sus amos. Pobres universidades, tan lejos de la democracia y tan cerca de la burocracia política.
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Las estrategias de las campañas electorales
Para abundar en las causas del desprestigio de los partidos y la democracia en nuestro país, bastaría revisar los ejes temáticos sobre los que giran las campañas mediáticas y sus características. En tiempos en los que la mercadotecnia política define los temas y estrategias de campaña, puede resultar revelador el identificar la idea central que define el discurso de los candidatos.
Empecemos con el PAN, que debido a que cuenta con que uno de sus militantes ocupa la silla presidencial la estrategia de la campaña es muy simple: utilizar la figura presidencial como aval para pedirle el voto al ciudadano. La idea básica de la campaña panista es que si votas por el PAN estás apoyando al presidente de la república en su lucha contra el narcotráfico. El chantaje está en el centro de la campaña panista pues se podría inferir que si no se vota por el PAN se está votando por los narcos.
Por su parte, el PRI difunde la idea de que la experiencia es fundamental para enfrentar los retos que la sociedad coloca en el centro del debate: la seguridad y el empleo. Pero para que la cosa funcione le agregaron la idea de que ésa experiencia se caracteriza por una nueva actitud, aunque no queda claro cuál sea ésta. Simplificando, frente a la debilidad del gobierno federal para enfrentar la crisis económica y social en que vivimos, el PRI se adueña del discurso opositor alegando que ellos sí saben cómo hacer las cosas y además que tienen una nueva actitud. Esto mismo dijo Madrazo en su intento por llegar a la presidencia en el año 2000, con los resultados de todos conocidos.
Por último, el PRD, más allá de la confusión que pueda generar el conflicto entre la dirigencia y el lopezobradorismo, promueve soluciones viejísimas y totalmente fuera de contexto para enfrentar el desempleo. Es el caso del spot en donde la niña le pregunta a Jesús Ortega cómo hacerle para enfrentar la pérdida de empleos, a lo que éste contesta que hay que consumir productos fabricados en México, como si éstos no hubieran prácticamente desaparecido frente a la oleada de productos chinos. La propuesta, que se basa en una campaña de los años setenta que decía: lo hecho en México está bien hecho, demuestra que el señor Ortega no se ha actualizado y sigue pensando como si estuviera en el siglo pasado.
Estas propuestas sólo evidencian el bajo nivel de las campañas y las falacias que componen su discurso político. La estrategia de los partidos es muy simple: ocultar la falta de propuestas articuladas con las demandas sociales utilizando vaguedades y lugares comunes. Si a esto agregamos las enormes cantidades de recursos públicos utilizados para difundir las pues tenemos un panorama desolador, que puede darnos una idea de algunas de las razones por las que el votante no presta mucha atención a las campañas, o mejor dicho, le causan malestar e irritación.
Empecemos con el PAN, que debido a que cuenta con que uno de sus militantes ocupa la silla presidencial la estrategia de la campaña es muy simple: utilizar la figura presidencial como aval para pedirle el voto al ciudadano. La idea básica de la campaña panista es que si votas por el PAN estás apoyando al presidente de la república en su lucha contra el narcotráfico. El chantaje está en el centro de la campaña panista pues se podría inferir que si no se vota por el PAN se está votando por los narcos.
Por su parte, el PRI difunde la idea de que la experiencia es fundamental para enfrentar los retos que la sociedad coloca en el centro del debate: la seguridad y el empleo. Pero para que la cosa funcione le agregaron la idea de que ésa experiencia se caracteriza por una nueva actitud, aunque no queda claro cuál sea ésta. Simplificando, frente a la debilidad del gobierno federal para enfrentar la crisis económica y social en que vivimos, el PRI se adueña del discurso opositor alegando que ellos sí saben cómo hacer las cosas y además que tienen una nueva actitud. Esto mismo dijo Madrazo en su intento por llegar a la presidencia en el año 2000, con los resultados de todos conocidos.
Por último, el PRD, más allá de la confusión que pueda generar el conflicto entre la dirigencia y el lopezobradorismo, promueve soluciones viejísimas y totalmente fuera de contexto para enfrentar el desempleo. Es el caso del spot en donde la niña le pregunta a Jesús Ortega cómo hacerle para enfrentar la pérdida de empleos, a lo que éste contesta que hay que consumir productos fabricados en México, como si éstos no hubieran prácticamente desaparecido frente a la oleada de productos chinos. La propuesta, que se basa en una campaña de los años setenta que decía: lo hecho en México está bien hecho, demuestra que el señor Ortega no se ha actualizado y sigue pensando como si estuviera en el siglo pasado.
Estas propuestas sólo evidencian el bajo nivel de las campañas y las falacias que componen su discurso político. La estrategia de los partidos es muy simple: ocultar la falta de propuestas articuladas con las demandas sociales utilizando vaguedades y lugares comunes. Si a esto agregamos las enormes cantidades de recursos públicos utilizados para difundir las pues tenemos un panorama desolador, que puede darnos una idea de algunas de las razones por las que el votante no presta mucha atención a las campañas, o mejor dicho, le causan malestar e irritación.
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sábado, 18 de julio de 2009
Democracia y dictadura.
Decía Charles Boukowski que “La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes". Después de las elecciones intermedias en México la frase cobra sentido pues nadie en su sano juicio puede creer que los diputados electos van a legislar pensando en los votantes y en el interés general. Lo más probable es que piensen en el 2012 y en su futuro político.
Seguramente no veremos surgir leyes que protejan a los trabajadores, a los desempleados, a las mujeres y a los jóvenes de los estragos de la crisis económica. Tampoco veremos como modifican las lagunas legales del código electoral que hacen posible que los gobiernos de los estados lleven mano en las elecciones, por encima del gobierno federal, que también hace su luchita utilizando todos sus recursos para manipular a la ciudadanía. Mucho menos veremos leyes que acoten el uso discrecional del presupuesto, ya sea dejándo de ejercerlo para desviarlo vía fideicomisos o simplemente favoreciendo con transferencias de recursos públicos a los amigos del dueño del poder ejecutivo.
Lo más probable es que veamos como nuestros representantes se pondrán a trabajar para favorecer a los grandes intereses empresariales, nacionales y extranjeros, que viendo sus ganancias afectadas por la crisis exijan mayores apoyos e incentivos para salir adelante y volver a los buenos tiempos.
Así las cosas, estarán en el tintero de la siguiente legislatura federal tres grandes reformas: la fiscal, la energética y la laboral. Todas ellas con un solo objetivo: joder al jodido, o como dicen algunos, impulsar el desarrollo económico. La reforma fiscal girará seguramente alrededor de la idea de gravar alimentos y medicinas para cubrir el hueco en la recaudación fiscal, provocada principalmente por la evasión fiscal de los grandes y no tan grandes empresarios nacionales y la negligencia de la secretaría de Hacienda para cobrarles a las grandes corporaciones internacionales, a las cuales les exenta del pago y según ellos, atraer inversiones al país. La energética buscará acabar de una vez con lo poco que queda de PEMEX y de Comisión Federal de Electricidad, y así impulsar el desarrollo… pero de empresas como Halliburton o Shell. Pero para que quede todo bien amarrado y las ganancias vuelvan a crecer habrá que modificar la ley laboral y acabar con el viejo modelo corporativo, en donde el estado fungía como mediador entre el capital y el trabajo. Para ello se buscará flexibilizar (¡vaya eufemismo!) las relaciones laborales instituyendo el pago por horas y demás acciones que permitan explotar mejor a los trabajadores.
Así que el loco de Boukowski no andaba tan perdido. Ya votamos por ellos; ahora habrá que obedecerlos. Pero eso si, la democracia se fortalece, o al menos eso dicen los ganadores.
Seguramente no veremos surgir leyes que protejan a los trabajadores, a los desempleados, a las mujeres y a los jóvenes de los estragos de la crisis económica. Tampoco veremos como modifican las lagunas legales del código electoral que hacen posible que los gobiernos de los estados lleven mano en las elecciones, por encima del gobierno federal, que también hace su luchita utilizando todos sus recursos para manipular a la ciudadanía. Mucho menos veremos leyes que acoten el uso discrecional del presupuesto, ya sea dejándo de ejercerlo para desviarlo vía fideicomisos o simplemente favoreciendo con transferencias de recursos públicos a los amigos del dueño del poder ejecutivo.
Lo más probable es que veamos como nuestros representantes se pondrán a trabajar para favorecer a los grandes intereses empresariales, nacionales y extranjeros, que viendo sus ganancias afectadas por la crisis exijan mayores apoyos e incentivos para salir adelante y volver a los buenos tiempos.
Así las cosas, estarán en el tintero de la siguiente legislatura federal tres grandes reformas: la fiscal, la energética y la laboral. Todas ellas con un solo objetivo: joder al jodido, o como dicen algunos, impulsar el desarrollo económico. La reforma fiscal girará seguramente alrededor de la idea de gravar alimentos y medicinas para cubrir el hueco en la recaudación fiscal, provocada principalmente por la evasión fiscal de los grandes y no tan grandes empresarios nacionales y la negligencia de la secretaría de Hacienda para cobrarles a las grandes corporaciones internacionales, a las cuales les exenta del pago y según ellos, atraer inversiones al país. La energética buscará acabar de una vez con lo poco que queda de PEMEX y de Comisión Federal de Electricidad, y así impulsar el desarrollo… pero de empresas como Halliburton o Shell. Pero para que quede todo bien amarrado y las ganancias vuelvan a crecer habrá que modificar la ley laboral y acabar con el viejo modelo corporativo, en donde el estado fungía como mediador entre el capital y el trabajo. Para ello se buscará flexibilizar (¡vaya eufemismo!) las relaciones laborales instituyendo el pago por horas y demás acciones que permitan explotar mejor a los trabajadores.
Así que el loco de Boukowski no andaba tan perdido. Ya votamos por ellos; ahora habrá que obedecerlos. Pero eso si, la democracia se fortalece, o al menos eso dicen los ganadores.
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