miércoles, 4 de abril de 2012

Perlas electorales: La clase media emergente.

Ahora que han arrancado las campañas electorales y para evitar caer en análisis ´serios´ que sólo ocultan la realidad y ponen de mal humor a cualquiera por el despilfarro y el cinismo de los actores principales del proceso, no estaría de más reírse un poco a sus costillas seleccionando declaraciones que demuestren la farsa de las elecciones de este año. Dada la diarrea verbal que tendremos que consumir en los próximos noventa días habrá material para aventar pa’ arriba que nos haga el trago menos amargo.

El que se ganó de calle el primer lugar esta semana fue el ahijado de la Gordillo. El ecologista Gabriel Quadri, en su afán por dar golpes mediáticos que le permitan soñar con obtener el 2% de los votos, se aventó la puntada de decir que los mexicanos no son pobres sino clasemedieros emergentes. Al visitar un predio irregular en una barranca de la delegación Álvaro Obregón del Distrito Federal, el Groucho Marx de las elecciones presidenciales (a poco no le recuerda al inmortal cómico estadounidense: bigote, lentes y nariz; sin mencionar su afecto por el sarcasmo) dijo sin rubor que ya “Basta de seguirnos considerando como una nación pobre…” y abundó, con cifras y datos, que las familias pobres pertenecen “a la clase media baja que está emergiendo”

A pesar de los datos producidos por la ONU, del PNUD, de la OCDE y demás representantes de la ciencia de la pobreza, Groucho Quadri no tiene empacho en negarlos para motivar a la gente que vive en las barrancas del DF a que, gracias a que no los califica de pobres, voten por él. Insiste en que es “gente que trabaja (aunque sea limpiando vidrios o pepenando latas de refresco), que tiene su casa (sin papeles, sin piso, sin agua, luz o drenaje. Con riesgo de ser barridas por un deslave o arrasadas para construir un edificio ‘inteligente’) una televisión, coche (¿BMW, Audi, Mercedes o cuando menos un Tsuru?), va la escuela (¿será a la Ibero, UNAM, Tec de Monterrey?) y tienen empleo aunque sea en la informalidad (o sea, sin seguro social, pensión, antigüedad, salario digno). Es mentira que los mexicanos que habitan en estas zonas sean pobres, es clase media emergente” (El Universal, 04-04-12) Supongo que es emergente ya que espera pacientemente en su miseria a que un clasemediero se muera para sustituirlo.

La verdad es que resulta imposible no reírse de la imaginación del flamante candidato a la presidencia por el PANAL. Pero no anda tan perdido, pues las campañas electorales tiene por objetivo persuadir, que según la Real Academia Española significa: Inducir, mover, obligar a alguien con razones a creer o hacer algo. Esto quiere decir que persuadir no significa convencer con argumentos verdaderos sino simplemente obligar a la acción, de preferencia sin una reflexión previa, difundiendo creencias ‘razonables’.

De todos modos la palmadita en la espalda a los supuestos miembros de la clase media emergente no necesariamente funciona. Uno de los asistentes reaccionó con sorna a la verborrea del candidato al afirmar: “… somos pobres de una casa pobre, pero pudientes” La psicología barata como recurso electorero más parece un acto de desesperación que un curso posible de acción. Esto porque según el Groucho del Panal considera que “Esa idea de recalcar que los mexicanos somos pobres no es algo que nos convenga en términos de sicología colectiva, (sobre todo porque es una calumnia difundida por el comunismo internacional y los enemigos de México) hay que luchar contra ella (de preferencia ignorándola), hay que decir que somos ciudadanos trabajadores y queremos salir adelante, como ustedes.” (La Jornada, 04-04-12) Menos mal que se me acabó el espacio.

miércoles, 28 de marzo de 2012

¿Le conviene a los EEUU la guerra en México?

Desde hace ya casi seis años se ha venido discutiendo las razones que han alentado la guerra en México, señalando, en términos generales, que éstas se fundan en los beneficios que genera a la economía y la sociedad estadounidense. Básicamente dichos beneficios podrían agruparse en tres rubros: el lavado de dinero efectuado por los grandes bancos y el estímulo que representa para la especulación y el mantenimiento de ganancias altas; el estímulo a la industria de armas, poderoso grupo de interés que controla a buena parte del aparato del estado; y el estímulo que representa el discurso belicista que sigue basado en el destino manifiesto de ser el fiel de la balanza en el mundo y promotor de la democracia.

Con respecto al primer ‘beneficio’, para nadie es un secreto que el lavado de dinero representa -en tiempos de la depresión mundial que vivimos- un rubro que produce enormes ganancias, que no son declaradas al fisco, lo que permite mantener tasas de ganancia atractivas para la especulación financiera, manteniendo la ilusión de que todo va bien.

Por su parte, y frente al paulatino retiro del ejército de Irak, la industria militar necesita encontrar nuevos mercados para absorber lo que parece ser el nicho industrial estratégico de la economía estadounidense. Y con esto no sólo me refiero a la venta de armas y tecnología militar sino también de mercenarios e inteligencia militar, jugoso negocio de unos cuantos. A su vez, la industria militar y sus lacayos en la Casa Blanca insisten en mantener un discurso belicista, muy parecido al que se utilizó los años de la Guerra Fría, que sirve de base para mantener engañado al pueblo estadounidense acerca de su responsabilidad frente a la Historia (con mayúscula para denotar su carácter historicista) y los sacrificios que esto exige.

Dicho lo anterior cualquiera podría deducir que la guerra en México les conviene a los habitantes de los EEUU pero un análisis más profundo podría arrojar una conclusión opuesta. El lavado de dinero beneficia al sector financiero, concentrado en la ganancia fácil en detrimento de la producción y la creación del empleo, empobreciendo cada vez más a la población y provocando el crecimiento de la desigualdad. El adelgazamiento de la clase media estadounidense no augura nada bueno en términos de paz social. Los asesinatos masivos en las escuelas son, en parte, consecuencia de la angustia en la que viven los afortunados que aun pueden concebir el logro del sueño americano. Pero también el crecimiento del racismo y la discriminación, que poco apoco prefiguran un ambiente de polarización social, antesala de una guerra civil.

Asimismo, la bonanza de la industria militar y sus beneficios, limitados a unos cuantos, abona a la idea de que sólo por medio de las armas y la violencia es posible recuperar el paraíso perdido; que las instituciones encargadas de la seguridad son parte del problema y no su solución. El diálogo y el consenso pasan a un segundo término y por más que la industria crezca sería ilógico pensar que por sí sola puede reencauzar el crecimiento de la economía y detener la decadencia. De hecho, ésas armas que cruzan la frontera sur son y serán utilizados eventualmente contra sus creadores. El caso de la operación Rápido y Furioso es sólo un botón de muestra. En otras palabras, ésas armas le dan a la delincuencia organizada mayor poder y capacidad para seguir creciendo y controlando no sólo al sur del Rio Bravo sino también al norte.

Pero tal vez lo más grave de todo es el estímulo al desgastado discurso basado en el Destino Manifiesto, pues en lugar de replantear el futuro del país como una oportunidad histórica lo lanza al vacío con la ilusión de recuperar lo imposible. El engaño de la retórica belicista radica en que oculta la crisis por la que atraviesa la sociedad estadounidense, ignorándola simple y llanamente, lo que está provocando una enorme frustración y de paso profundizando -en aventuras como la de Irak- la crisis económica por la que atraviesa. Los políticos en EEUU siguen utilizando la idea de superioridad -muy al estilo de Hitler en su momento- para ocultarle a sus representados la debacle. Y todos sabemos en que acabó el sueño nazi.

En este sentido, desde México pensamos que nuestros vecinos del norte deben tomar en cuenta que la guerra contra el narcotráfico no les favorece en ningún sentido. Que provocar un incendio en la casa del vecino pone en riesgo la suya, pues tarde o temprano, si el fuego crece, lo invadirá indefectiblemente. Es por ello que desde acá hacemos un llamado a un pueblo caracterizado por sus ideales de libertad para que, como lo hicieron en los años sesenta y setenta, cuando se opusieron a la guerra en Vietnam, se opongan sin ambages a la guerra que estamos viviendo en México. Que se opongan ya que ésta sólo favorece a los dueños del dinero, a los mismos que saquearon el erario para rescatar a los bancos, y no a sus hijos y nietos, pues si las cosas siguen como están se verán obligados a combatir el incendio no al sur de la frontera, sino bajo sus propios pies, en su propia casa.

jueves, 22 de marzo de 2012

El legado de Felipe Calderón

El presidente de la república ha seguido promocionando su imagen con la especie de que su legado será una policía federal nueva, profesional y acorde con los estándares internacionales, lo que según él acabará con la violencia y la inseguridad. Al mismo tiempo, el encargado de organizar esa fuerza policiaca se encuentra envuelto en un conflicto que claramente demuestra lo contrario.

El montaje cinematográfico que realizó García Luna al detener a Florence Cassez confirma no sólo el desprecio por la legalidad sino la falta de profesionalidad, la improvisación, la idea de que el fin justifica los medios sin hacer un juicio de valor previo, sin medir las consecuencias de la acción.

En realidad el legado de Calderón es y será la institucionalización de la superficialidad, de la impunidad y de la violencia. Y esto es el resultado de una ignorancia evidente de la ética política, que es el instrumento clave para medir hasta donde el fin justifica los medios. Porque en el espacio de la ética no existen soluciones a contentillo ni mucho menos predeterminadas. Muy por el contrario, cada situación exige una reflexión ética que puede dar como resultado que el fin justifique los medios pero no siempre. Pero entonces ¿cómo saber cuando mis acciones están justificadas por el fin que persigo? Un elemento clave para obtener una respuesta es preguntarse si los medios están acordes con el fin deseado.

En su libro El poder y el valor, Luis Villoro nos da un par de ejemplos que pueden servirnos para profundizar en el problema. Por un lado nos recuerda la decisión de Benito Juárez de fusilar a Maximiliano y se pregunta si en realidad la acción del oaxaqueño se justificaba o no. En realidad el dilema estaba entre la sobrevivencia de la república mexicana y el derecho a la vida del malogrado emperador.

Nadie puede negar que el austriaco tenía derecho a vivir, más aún cuando muchos historiadores le han reconocido su buena fe aunque también su desconocimiento de la realidad política mexicana. En este punto, la pregunta entonces es si el medio, la acción, generará un ambiente acorde con el fin perseguido, o sea, la restauración de la república y de las libertades consustanciales a dicho régimen político. Y aquí es evidente que con la desaparición física del emperador se lograba, primero, enviar un mensaje claro a las naciones del mundo para evitar futuras invasiones; pero al mismo tiempo el fusilamiento generaría un cambio de la realidad política mexicana, en donde las libertades republicanas y la soberanía nacional estarían garantizadas, al menos en teoría, cosa imposible de concebir en un imperio.

El segundo ejemplo es el de la revolución encabezada por Miguel Hidalgo, quien evidentemente tenía las mejores intenciones de generar un clima de libertades opuesto al sometimiento de los habitantes de la Nueva España frente al imperio español. Es por eso que Hidalgo se lanza a la lucha. Sin embargo, después de ser testigo de batallas en las cuales morían miles y miles de personas y, al mismo tiempo, ser consciente de que el fin deseado se alejaba más y más no le quedó más remedio que aceptar la responsabilidad de sus acciones y sobre todo de sus consecuencias. Fue así como las crónicas describen a Hidalgo llorando por su error, reconociendo así que se había equivocado, que el fin no justifica el medio elegido. En eso radica la grandeza de Hidalgo y el reconocimiento de su paternidad de México, a pesar de que el país vivió una guerra que duró once años y que lo sumió en la pobreza y la desesperanza.

En este sentido, si bien Calderón -en el colmo de su soberbia- se ufana de ser un valiente que enfrentó el problema del narcotráfico, resulta evidente que es un ignorante de la ética política, no sólo porque presume de logros inexistentes sino sobre todo porque no muestra el menor remordimiento por las consecuencias de su decisión. A meses de terminar su nefasta administración el país está peor que hace seis años en materia de seguridad y el tan campante. En realidad, su legado es y será un país en llamas, más lejos que hace seis años de la anhelada paz y la concordia entre los habitantes de este país.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Los aumentos a la tropa propician la discriminación social

Cuando se comparan los ejércitos de Latinoamérica y sus características principales salta a la vista una que ha sido la diferencia fundamental entre el ejército mexicano y, por ejemplo, el chileno. Las fuerzas armadas chilenas están claramente dirigidas por oficiales surgidos de los grupos sociales más poderosos del país mientras que el mexicano es heredero directo de la revolución mexicana y por ende un ejército formado de arriba abajo por sectores populares. Se puede afirmar entonces que los chilenos tienen un ejército de clase y los mexicanos un ejército de extracción popular.

Tal vez por ello, el golpe de estado en Chile en 1973 contó con la participación entusiasta de los militares para defender los intereses de la iglesia y las oligarquías sometidas a los Estados Unidos. Dada su composición, los militares chilenos no dudaron ni un solo momento para dar el golpe pues su razón de ser radica en la defensa de los poderosos. Y tal vez por ello, el ejército mexicano no tuvo la tentación de dar un golpe en México en los años de la guerra sucia o cuando estalló la crisis económica en los años ochenta.

Sin embargo las cosas parecen estar cambiando en el carácter popular de las fuerzas armadas en México pues el enorme aumento a su presupuesto puede empezar a generar a su interior una serie de intereses que eventualmente lo convierta en una institución más preocupada por mantener sus privilegios y poder político que en someterse al liderazgo civil y mantenerse alejado de la política. El reciente aumento de casi 150% al sueldo de los soldados rasos, que será ahora $10,800 pesos -más del doble de lo que ganaban, o sea $4,300- me parece una señal preocupante en este sentido.

El problema no es el que la tropa gane bien y que además goce de excelentes prestaciones como salud, educación para sus hijos, pensiones y demás sino que la inmensa mayoría de los que tienen a suerte de tener un trabajo formal, ni han tenido aumentos significativos ni mucho menos pueden acceder a buenas prestaciones desde hace décadas. De hecho la tendencia de la mayoría de los empleos en México es a la precarización, bajando su poder de compra y viendo cada vez más lejana la posibilidad de contar con las ventajas de las prestaciones sociales. Según datos del INEGI, de los 2.5 millones de nuevos empleos sólo el 16.1% tiene acceso a la seguridad social. Si a esto agregamos que casi el 30% de la población empleada trabaja en la informalidad se puede tener una idea más clara del problema.

El aumento fue, como dije arriba, a los soldados de bajo rango, lo que nos da una idea de lo que ganan los oficiales, no se diga lo generales. En este sentido, lo que se está propiciando es el ensanchamiento de las diferencias entre los trabajadores civiles y los que laboran en las fuerzas armadas. Este hecho puede conducir a una situación en la que los intereses de éstas estén más orientados a sus propias condiciones económicas y políticas que a las necesidades de la Nación en su conjunto. Las condiciones de excepción que gozan los integrantes del ejército y la marina –no sólo las económicas sino las políticas, como el fuero- pueden generar un espíritu de cuerpo ajeno a sus responsabilidades constitucionales por lo que me parece muy peligroso que, en aras de mantener una alianza política entre el presidente y el ejército, se cree una situación que lo aleje de las causas populares y los intereses de la mayoría.

Al argumento utilizado por Calderón de que las actividades de los militares son vitales para la república, por lo que hay que pagarles bien, habrá que responderle sin titubeos que lo mismo puede decirse de un albañil, un médico, un maestro, etcétera. Pero lo que no se puede ignorar son las consecuencias de mantener en estado de excepción a los militares y además restregarles en la cara a los millones de asalariados que ganan menos de cinco salarios mínimos, que sólo los militares merecen ingresos justos y seguridad social. Eso no es más que otra cara de la discriminación alimentada desde el poder político.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Chepina y los derechos de las mujeres

Finalmente se resolvió el proceso de selección en el PAN para elegir a la persona encargada de competir para la presidencia de la república. Para algunos fue una sorpresa; para otros la confirmación de la debilidad del inquilino de Los Pinos. Para un servidor representa, ni más ni menos, la expresión más clara de la manera en que los sectores fundamentalistas católicos (Yunque, Legionarios, Opus Dei) se han apoderado de un partido que nació laico, desconfiado de los fanatismos religiosos y que pregonaba -bajo el liderazgo de Gómez Morín- el respeto a la libertad individual por encima de credos e ideologías nacionalistas.

No cabe duda de que el desgaste del PAN en el ejercicio del poder político lo ha convertido en un partido que ha olvidado sus orígenes y que hoy ha perdido el rumbo y la misión que lo trajo a la vida institucional en nuestro país, echándose en brazos de los dueños del dinero. El triunfo de Josefina Vázquez Mota -la del apellido políticamente incorrecto en tiempos de la guerra contra las drogas- no deja lugar a dudas de lo anterior, no sólo por haberle pedido a sus correligionarios que antes de ir a votar en la elección interna fueran a misa sino porque a su paso por la Secretaría de Educación se esforzó para acabar con la educación gratuita y laica, pilar ideológico de la Nación.

En este sentido, la crítica a su perfil político no puede basarse en que sea una mujer, como de manera histérica lo manifestó Nino Baxin, líder del Congreso del Trabajo en el puerto de Veracruz, cuando irónicamente utilizó los argumentos de la derecha confesional para descalificarla. Y si no juzgue usted: “A la mujer le falta un poco más, aprender, meterse en cuestiones sociales. Porque al pedir equidad se olvidó de la familia, de los hijos” El machismo exacerbado no representa más que la ausencia de argumentos sólidos para la crítica de la candidata panista y un botón de muestra del alto grado de subdesarrollo de la nomenclatura priísta en el estado. No, la crítica debe apuntar a sus acciones y sus ideas, a su pertenencia a grupos políticos que han demostrado su odio a las libertades básicas del ser humano.

El triunfo de Chepina, insisto, demuestra la derechización del PAN ya que su triunfo obedece al apoyo de los sectores empresariales más conservadores y al Yunque, que tiene como finalidad, según su propio credo “…defender la religión católica y luchar contras las fuerzas de Satanás, así sea mediante la violencia (para) instaurar el reino de Dios en la tierra.” Si las mujeres mexicanas creen que votando por una mujer van a lograr avances en la defensa de sus derechos se equivocan rotundamente. Su alianza con los fundamentalistas católicos no va a ser puesta en riesgo para promover las luchas de las mujeres en contra de la discriminación, la violencia y la marginalidad. Muy por el contrario, pues en el remoto caso de que llegue a ganar, su gobierno se empeñaría en echar atrás los avances en materia de derechos de la mujer y de cualquier libertad que atente contra el monopolio católico de las conciencias.

Como bien señala Luis Hernández Navarro en su más reciente artículo de opinión, la táctica electoral de Chepina se concentrará en ocultar precisamente su antifeminismo y su conservadurismo para tratar de venderse como una defensora de la mujer y de sus derechos. Contando con que será la única mujer que compita por la presidencia, el discurso pro derechos femeninos parecería inevitable y natural pero falso. Si bien el machismo sigue vivito y coleando, como todos sabemos, muchos hombres no se van a animar a votar por una mujer para presidente. Sin embargo, habrá que seguir de cerca las preferencias electorales del sector más grande del padrón electoral: las mujeres.

jueves, 9 de febrero de 2012

El destello del copete y la crisis del régimen

Una de las tendencias típicas de un régimen político agotado es el debilitamiento de la renovación de las élites. El promedio de edad de los integrantes del último gabinete de Porfirio Díaz, el de 1910, era de casi ochenta años. El porfiriato se mostraba así como un régimen caduco, imposibilitado por su debilidad interna a renovar a sus integrantes. De hecho, la principal bandera del maderismo (hoy recubierta de afanes democráticos) era precisamente la renovación de la élite política y no la posibilidad de que las mayorías participaran en la política, como hoy nos quieren hacer creer sus apologistas encabezados por Krauze y compañía.

La lista de los futuros candidatos de ‘unidad’ a las diputaciones federales del PRI recuerda precisamente ésa tendencia. El ‘partidazo’ no logra establecer un mecanismo que le permita renovar sus cuadros dirigentes con regularidad y más bien parece que se resigna a ser una organización cada vez más cerrada, aislada de la realidad nacional. Y con renovación no me refiero a una cuestión meramente generacional sino a la posibilidad de la aparición nuevas fracciones políticas que disminuyan el poder de las camarillas.

Y es que la diferencia, en términos formales entre una fracción y una camarilla es muy sencilla: la fracción está guiada por un proyecto político; la camarilla descansa en la lealtad a una figura política, en sus objetivos personales que están siempre definidos por la permanencia en el poder. Lo que se deja ver del reciente proceso de selección de candidatos confirma que la idea no es definir proyectos sino confirmar lealtades, cueste lo que cueste.

No es casual, en este sentido, que un dirigente partidista estatal declare cosas como “Es tal el destello de Enrique Peña Nieto, de la nueva fuerza del PRI, que hay varios distritos donde hay más de uno que aspira; posiblemente en el transcurso del día se pongan de acuerdo y si no, bueno la propia Comisión Nacional de Procesos Internos va a dictaminar”

¿A qué destello se refiere? ¿Al del gel que usa para peinarse el copete? Porque dada la pobreza intelectual de Peña resulta imposible pensar que Erick Lagos se refiera al de su inteligencia. Ahora resulta que el candidato iletrado, que fue impuesto con la clásica cargada no exenta de conflictos, inspira a militantes a competir entre sí para lograr una candidatura. Para rematar, el señor Lagos se sigue enredando cuando dice que en el remoto caso de que existan varios aspirantes, pues que se arreglen en lo oscurito. Ahora que si no se pueden arreglar pues que se plieguen a la decisión de la citada Comisión. Antier los que intentaron registrar su precandidatura sin contar con la bendición de las camarillas del partido fueron literalmente jaloneados para que no llegaran a la mesa de registro, según la nota publicada por alcalorpolítico.com el día 7 de febrero.

Seguramente en el resto del país este tipo de escenas se repitieron una y otra vez, demostrando que no nada más en Veracruz se cuecen habas. Las tendencias no están sujetas al capricho o a la voluntad de los actores políticos sino que responden a procesos históricos, a hechos sociales que no dependen de la interpretación sino de la simple observación. Las candidaturas de unidad son una clara muestra del inmovilismo político, de la falta de imaginación, de la ausencia de proeyctos. Demuestran sin ambages el agotamiento, la decrepitud no de un partido sino de un régimen político. Ni las matracas, ni los acarreos ni las declaraciones histéricas pueden cambiar la realidad; sólo ocultan un poco el tremor del hundimiento de la nave.

miércoles, 1 de febrero de 2012

El populismo de Obama y la decadencia de los Estados Unidos

El reciente informe presidencial de Obama me parece significativo para comprender la dimensión de la decadencia de la hegemonía estadounidense, subrayando el tono populista que le imprimió al mensaje y que seguramente delineará su campaña para reelegirse. La debacle económica y el fin del sueño americano han obligado al presidente a reciclar viejos símbolos que lamentablemente no parecen suficientes para sacar al país del agujero en el que se encuentra aunque le pueden servir para reelegirse.

Los temas del desempleo y la desigualdad rampante en una sociedad acostumbrada a creerse la cima del mundo son necesariamente los que más atraen la atención del ocupante de la Casa Blanca, como una manera de conectarse con los votantes.

Cuando afirma que “… podemos aceptar un país donde un número de gente cada vez más reducido prospera mucho, mientras un número creciente de estadounidenses apenas sobrevive. O podemos restaurar una economía donde cada quién tiene una oportunidad, cada quién aporta lo justo… Es hora de aplicar las mismas reglas de arriba hacia abajo….” (24/01/12) resulta imposible no establecer un paralelo con los discursos de los gobernantes de los países periféricos del sistema mundo en que vivimos desde los años ochenta, o mejor dicho, del estado capitalista desde los años del New Deal. El modelo económico inspirado en el neoliberalismo se ha distinguido precisamente por aumentar la desigualdad en todo el mundo por lo que el argumento no pasa de ser un buen deseo… para lograr votos claro.

Para aumentar el dramatismo y en el colmo del cinismo, el señor de las guerras justas (y no me refiero a Calderón, quien solo obedece órdenes del Pentágono) se anima al decir que “No regresaré a los días cuando se le permitió a Wall Street jugar bajo sus propias reglas…” para tratar de ganarse a los ocupas, que han puesto en jaque a todo el país precisamente porque ésas son las reglas que definen el conflicto social hoy por hoy. Son ellos quienes han puesto el dedo en la llaga al declarar en un comunicado que “Nuestra nación y nuestro mundo están en crisis y nuestros funcionarios ‘electos’ nos han fallado. Se negaron a responsabilizar a sus donantes –Wall Street– por los crímenes financieros que llevaron a nuestro país a la bancarrota y a destruir la economía mundial…” (17/01/12)

Pero Obama no parece darse por enterado y asume que las reglas han cambiado para los dueños del dinero, aunque al iniciar su gobierno lo primero que hizo fue rescatar al sector financiero con dinero público, profundizando en la mayoría de la población las consecuencias de la crisis que hoy pretende enfrentar y colocando al estado yanqui al borde la bancarrota.

Otra perla de su discurso fue presentar la retirada de Irak como un éxito que redundó en el fortalecimiento de su liderazgo en un mundo más seguro, en parte por el asesinato de Bin Laden. La realidad es que la guerra de Irak jugó un papel importante en la quiebra económica del país y en su desprestigio, no sólo en la región sino en el mundo entero. La guerra de Irak dejó en claro que los tiempos en que los Estados Unidos se presentaban como el policía del mundo han pasado y hoy se enfrenta a una realidad en la que su poder militar no le alcanza para someter a quien no comparta sus ideales.

Ya para terminar no podía dejar de insistir en señalar el carácter populista de su discurso cuando declara que “…la renovación del liderazgo estadounidense se puede sentir a través del mundo… Estados Unidos ha regresado.” Dime de que presumes y te diré que te falta.